Mostrando entradas con la etiqueta Pintura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pintura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de abril de 2008

Frida y Frida



Ésta es una entrada difícil de escribir. No porque no me guste Frida Kahlo (1907-1954), sino porque toda su obra me apasiona, con lo que no sé dónde elegir (lo que los franceses llaman "l'embarras du choix").
Frida es compleja, simple, interesante, emocionante, personal, universal. Su obra refleja su vida, sus dolencias (provocadas por un accidente de autobús que le dejó la espina dorsal maltrecha), su tormentoso matrimonio con el artista Diego Rivera, sus ideales comunistas, sus ideales sobre la mujer, su tradición dual (europea-indígena).

La obra que os quiero mostrar hoy, Las dos Fridas, fue pintada en 1939 (hoy está en el Museo de Arte Moderno de México). En ella vemos la dualidad de Frida. Por un lado, está la Frida vestida de blanco, a la europea, con esa especie de gola que le cubre todo el cuello. Por el otro, la Frida indígena, vestida a la mejicana, con un medallón que lleva la imagen de su marido, Diego Rivera, en la mano.
Es una obra inquietante, surrealista. La Frida europea lleva unas delicadas tijeritas de plata con las que ha cortado parte de sus venas (¿tal vez mencione sus varios abortos? ¿o las infidelidades de su marido, entre otras, con su hermana Cristina?). Sin embargo, a pesar de esa doble cultura, las dos Fridas están unidas de corazón a corazón por esas inquietantes venitas que corren por su cuello y se enroscan en sus brazos. Una de ellas, que sale del corazón, parece una manita que quiere acariciarles las cara. Las dos Fridas son sólo una. Unidas por las manos y por la sangre.

En mi opinión, una de las mejores expresiones de la dual naturaleza de muchos lationamericanos.

Prometo más Frida Kahlo pronto. Mientras tanto, os recomiendo el libro de Taschen dedicado a Frida Kahlo: es muy interesante, está muy bien escrito, los dibujos son en color y, además, se encuentra en cualquier biblioteca (o en cualquier librería a muy buen precio). Aprovechad en la Feria del Libro más próxima. Es un regalo maravilloso.

La referencia completa es: Andrea Kettenman, Kahlo (Taschen, 1999).

jueves, 24 de abril de 2008

Color, puro color (y nada más). ¿O no?


Mark Rothko (1903-1970), uno de los pintores principales del impresionismo abstracto. Siempre odió que sus pinturas fueran escogidas por los decoradores según el color de sus sofás. Sus cuadros suelen medir alrededor de dos metros. Es una inundación de color.

viernes, 18 de abril de 2008

La evacuación de las obras maestras


Hoy no escribo yo. Quería compartir con vosotras/os este artículo que ha aparecido hoy en "El País". ¿Os imagináis la llegada de ese tren a Ginebra? ¿O a los Goyas escondidos en una mina de sal? La próxima vez que visitéis/visitemos El Prado, veremos a las obras con otros ojos, pensando en su periplo. Me impresiona mucho esta foto del policía, con su pistola en la mano, y la Sagrada Familia del Greco a su lado.

REPORTAJE: Obras maestras en el exilio

Y el Prado sorteó su fatal destino

Reconstrucción del viaje que el tesoro artístico emprendió en la Guerra Civil


16 de noviembre de 1936. Los Junkers alemanes de la Legión Cóndor se ceban con Madrid. Las bombas alcanzan al Museo del Prado. El presidente de la República, Manuel Azaña, decide que ha llegado el momento de completar la evacuación de las obras iniciada tímidamente bajo la dirección de Rafael Alberti. Puede haber más repúblicas o incluso regresar la Monarquía, pero un tesoro como éste sólo hay uno. A los pocos días comienza el largo viaje que acabaría con la llegada a Ginebra en febrero de 1939 de más de 20.000 obras maestras.

Esta formidable aventura, que contó con involuntarios protagonistas de la talla de Rembrandt, Velázquez, Goya, Tiziano o Rubens, podría haber sido escrita por el mejor guionista del más insuperable thriller.

Pese a haber transcurrido casi setenta años de aquello, lo ocurrido con los fondos del Prado durante la guerra ha sido poco tratado por los historiadores. Como en un extraño pacto de silencio de todas las partes implicadas. Hasta ahora. El historiador Arturo Colorado Castellary (Huelva, 1950) reconstruye el relato en Éxodo y exilio del arte. La odisea del Museo del Prado durante la Guerra Civil (Cátedra), al tiempo que un documental, Salvemos el Prado, realizado por Alfonso Arteseros, añade luz sobre el periodo con declaraciones de testigos y protagonistas de la aventura.

La historia, desde luego, cuenta con todos los ingredientes. Un total de 71 camiones trasladaron a Valencia las joyas del Prado (a las que se sumaron otras de El Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real o el palacio de Liria). De ahí, a Barcelona. Y Figueras. Al fin, el tesoro quedó a salvo al otro lado de la frontera junto con los miles de españoles ateridos por el frío y confundidos por el hambre en 1939, en aquel despiadado invierno del exilio.

El destino de los cuadros corrió paralelo al del Gobierno de la II República. Y siempre estuvo bajo control directo del presidente. "Debajo de nuestro comedor estaban los Velázquez", escribe Azaña en el castillo de Peralada ya en los días finales de la caída de la Cataluña republicana. "Cada vez que bombardeaban en las cercanías me desesperaba. Temí que mi destino me hubiera traído a ver el museo hecho una hoguera. Era más de cuanto podía soportarse".

Todo había empezado en realidad en agosto de 1936, cuando el Museo del Prado hubo de cerrar sus puertas al público. Las obras más importantes fueron descolgadas. Cubiertas con mantas y plásticos, ocuparon la parte baja del edificio, junto a otras requisadas por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, que presidía Timoteo Pérez Rubio, protagonista también inesperado de la operación de salvamento del museo.

Alfonso Pérez Sánchez, que fue director del Prado durante ocho años, se pregunta en el prólogo del libro sobre la necesidad de la operación vista con la perspectiva del tiempo. Su respuesta es contundente. Los bombazos caídos sobre el palacio de Villanueva en los primeros días de la guerra ya justificarían la decisión. Aunque ésta tuviese que tomarse en medio de unas condiciones que la desaconsejaban. Y contra la propaganda fascista, que extendió la idea de que si los cuadros salían sería para ser cambiados por armamento. Pérez Sánchez concluye que el viaje no sólo fue imprescindible, sino que todos los españoles tienen una deuda moral pendiente con los responsables de la operación.

La precaria salida de las primeras obras, organizada por Alberti, prosiguió con las máximas garantías posibles entre abril y mayo de 1937. Las bombas que alcanzaron el Prado en noviembre de 1936 habían sonado a estruendoso ultimátum. El transportista Macarrón se encargó del embalaje de miles de piezas, recubiertas con cartón impermeable y empaquetadas a bordo de camiones que viajaban a 15 kilómetros por hora.

En Valencia, las obras se instalan en las Torres de Serrano, una auténtica fortaleza. A finales de 1937, el avance de las tropas nacionales fuerza a un nuevo traslado. El Gobierno se muda a Barcelona y Azaña decide que la caravana artística le acompañe a Cataluña. El castillo de Peralada, a 10 kilómetros de la frontera, y la mina de talco de La Vajol son los últimos escondrijos para el tesoro.

Febrero de 1939. Cataluña está a punto de caer ante el empuje de la Legión Cóndor. Hay que organizar la salida bajo la protección de los países democráticos. El pintor catalán José María Sert se pone a ello. El 2 de febrero se firma el Acuerdo de Figueras. En Francia, las obras son trasladadas en tren. Cuando, tras su entrada en Ginebra el 13 de febrero de 1939, los operarios que abrieron las 572 cajas del tesoro, custodiadas en el palacio de la Sociedad de las Naciones, respiraron aliviados. Los 45 velázquez, 138 goyas, 43 grecos seguían allí con el resto del tesoro.



Al poco de comenzar la guerra, el Gobierno de la República nombró al pintor y cartelista valenciano Josep Renau director general de Bellas Artes. Al frente del Museo del Prado colocaron a un ya célebre Pablo Picasso. Alberti quedó al cargo del Museo Romántico. Pero el verdadero protagonista de esta historia fue el pintor Timoteo Pérez Rubio, elegido para presidir la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. De los tres nombramientos, este último fue, en realidad, el más importante. Renau tuvo una actuación relevante durante la etapa en la que las obras estuvieron en Valencia, pero la relación de Picasso con el museo fue inexistente. Desde París animó a Pérez Rubio a usar su nombre como aval para las gestiones internacionales que hubiera que emprender. "Puedes hacer ver que somos amigos desde la infancia. O hermanos. Lo que quieras. Utilízame para lo que consideres necesario".

Pérez Rubio, casado con la escritora Rosa Chacel, se preparaba para partir de veraneo cuando estalló la guerra. Conducía un coche rumbo a la sierra para alquilar unas habitaciones en El Paular. Iba en busca de nuevos paisajes. Les interceptaron el paso. La guerra había estallado. Pérez Rubio, sin adscripción política, se ofreció para lo que fuera. Sin él, el largo viaje del Prado no hubiera sido posible. Como dijo su mujer, Rosa Chacel, "hizo la guerra defendiendo el tesoro artístico español".

Tomado literalmente de El País.

Si alguien se entera de cuándo van a echar por la televisión el documental, que nos informe, por supuesto.


viernes, 11 de abril de 2008

Flotando en el río...

Ofelia es uno de los personajes más trágicos de Hamlet. Él pierde la cabeza (o no), pero ella se encuentra frente a su muralla de incomprensión. "¡Vete a un convento!", le espeta él. Y la pobre Ofelia no sabe qué le ha pasado, porque antes parecía que la amaba.
Luego ella pierde la cabeza, y con razón. Hamlet mata a su padre, Polonius. Y ella se pasea con flores en la mano. Y desparece. La reina Gertrude afirma, poco después, que subió a un árbol, se cayó a un río y se ahogó. De esta forma, nunca sabemos si ella se suicidó.

Millais pintó este cuadro en 1852. El cuadro se puede ver en la Tate Britain (Londres) o, ahora, en la magnífica exposición sobre este pintor que tiene en Van Gogh Museum de Amsterdam. Millais prestó gran atención a las flores que rodeaban a la bella Ofelia, ya que las pintó antes que a la modelo. Si ampliais el cuadro, podréis ver el gran detalle de éstas y su simbología. Como las amapolas que la rodean, que significan el opio y, por ende, el sueño eterno.
No sabemos si Ofelia está ya muerta en este cuadro o no, o si todavía flota apaciblemente en el río. La modelo de este cuadro, Elizabeth Siddal, pasó largas horas en una bañera calentada con lámparas para que Millais la pintara. Como anécdota, parece ser que atrapó un buen resfriado.

El cuadro es magnífico y el destino de la pobre Ofelia, una muñeca en un mundo que la desprecia o que la ignora, tristísimo.

martes, 1 de abril de 2008

Semana Rembrandt (IV): La novia judía


Y con retraso, os presento el último cuadro de esta Semana Rembrandt: "La novia judía (1662).
Este cuadro, aparentemente anodino, es muy extraño para su época. Probablemente fue el encargo de unos recién casados a Rembrandt, que los representó bajo los rasgos de dos personajes del Antiguo Testamento. Eso le permite pinta el gesto del marido, que pone su mano con ternura en el pecho de su esposa, la cual ella toca a su vez. Este gesto, tan simple y tan tierno, era revolucionario en la época, ya que normalmente los cuadros de esposos se pintaban por separado o, si estaban juntos, ni siquiera se tocaban.

Van Gogh, que visitó mucho el Rijksmuseum, le escribió una vez a un amigo sobre este cuadro: "daría diez años de mi vida si pudiera seguir sentando ante este cuadro diez días seguidos sólo con un mendrugo de pan duro".

Y por último, un detalle apasionante, que realmente sólo se aprecia en vivo: la manga amarilla del novio está pintada de forma que es casi una escultura, con una gran cantidad de pintura. Prácticamente sobresale del cuadro.

Disfrutadlo.

jueves, 27 de marzo de 2008

Semana Rembrandt (III): Autorretrato como San Pablo (1661)

Han pasado casi veinte años desde "La ronda de noche". Rembrandt ha vivido muchas cosas. Saskia, su mujer, había muerto. Rembrandt comenzó una relación sentimental con Hendrickje, una antigua sirvienta, con la que tuvo a su hija Cornelia (recordad aquel bello cuadro de Hendrickje entrando en el río que ya hemos visto en este blog). Se arruinó en 1656 y tuvo que dejar su bella casa (hoy museo Rembrandt) por una más humilde en el Jordaan, un barrio de trabajadores.

Pero Rembrandt continuó pintando y, a veces, recibiendo importantes encargos, como el que veremos mañana: "El síndico de los pañeros".

Rembrandt no sólo pintaba encargos, sino tambien autorretratos, siendo uno de los pintores que más desarrolló el género. Durante toda su vida, pintó 80 cuadros y 20 aguafuertes sobre sí mismo. Por lo tanto, tenemos una evolución total sobre él: desde que se representaba como un joven orgulloso y con ambiciones, hasta los autorretratos cargados de pesadumbre y del peso de la vida en sus últimos años.

Aquí os dejo una pequeña evolución de Rembrandt:

























Sin embargo, es de éste último del que os quiero hablar, que es el que está expuesto en el Rijksmuseum: Autorretrato de Rembrandt como San Pablo.


Rembrandt era una persona de marcado sentido lúdico, y le gustaba disfrazarse en sus autorretratos: hay algunos suyos vestido de militar, como un sátrapa árabe o como un caballero el siglo XVI. Pero disfrazarse no es simplemente ponerse unas ropas o un cuchillo, o un escudo: para Rembrandt, es realmente entrar dentro de la psicología del personaje.
En este cuadro, Rembrandt se nos presenta como San Pablo; no como el santo serio, sino como un personaje burlón, que mira al espectador. Visto así, no parece que hay mucho más que contar sobre el cuadro. El turbante está brillantemente pintado, y la carne parece una amalgama, no está definida.
Lo impresionante es la expresión, los ojos que no te abandonen. Allí delante, frente al cuadro, sentía que no me podía ir. Que Rembrandt se había plasmado a sí mismo, lanzando un desafío al mirón: "¡mírame!¡Éste soy yo! Sonrío a pesar de todo. ¿Quieres conocerme? ¡Mírame!"

Y por esta razón este cuadro atrapa a todo el que pase por delante, como una araña al acecho. Os advierto que tengáis cuidado, que ocurre. Me pasó lo mismo frente a su otro autorretrato de vejez, el que está más arriba, en la National Gallery de Londres. Hay Rembrandts sueltos por el mundo que os desafían a mirarlos y a conocerlos. Tan sinceros que estremecen.






miércoles, 26 de marzo de 2008

Semana Rembrandt (II): La ronda de noche


Este cuadro fue pintado en 1642 por encargo de una compañía de arcabuceros voluntarios, los kloveniers, destacados miembros de la ciudad que servían en la milicia urbana. En realidad, el título del cuadro no es correcto. Fue el crítico Joshua Reynolds el que se lo atribuyó, ya que el cuadro estaba sucio y parecía que la escena ocurría de noche. En realidad es de día, pero los miembros de la milicia salen de un arco que está en la oscuridad y un potente rayo de sol los ilumina.

¿Cuál es, en primer lugar, el gran éxito de Rembrandt en este gigantesco cuadro? La composición. Es difícil reunir tantos retratos en un solo cuadro sin que parezca aburrido o desprovisto de vida. Tenéis que imaginar que es una foto del colegio, en la que si todos nos ponemos en fila formaremos una composición aburrida. Casi ningún otro pintor holandés de la época fue capaz de crear composiciones dinámicas y originales para estos cuadros compuestos de muchísimos retratos. El único que se acerca a Rembrandt es Franz Hals. En el cuadro a continuación, se ve muy claro:

Este cuadro fue pintado por dos manos: a la izquierda, Franz Hals. Las figuras interactuan, parecen menos fijas. A la derecha, Codde, típico pintor neerlandés. Es a lo que me refiero: la pintura de la derecha con sus figuras todas a la misma altura, estáticas, es lo que se hacía en el arte holandés. Volved al cuadro de Rembrandt. Es casi un teatro callejero: la compañía sale triunfante de un desfile a través de un arco. Hay un perro, niños correteando, un soldado que carga un mosquetón, otro que sonríe, el capitán Banning Cocq ordena a su teniente que organize la marcha. Hay ruido, canciones, juramentos. En el cuadro hay vida. Es un fotograma congelado en el tiempo.

Otra de las virtudes de Rembrandt es que su cuadro nos presenta tipos sociales distintos. Tenemos al capitán y al teniente (los dos en primer plano), miembros de la clase alta. Por detrás, los arcabuceros fanfarrones, de clase más baja. Los niños, que forman parte del pueblo.

Atención a varios detalles. El primero, la niña que corretea entre los soldados con un pollo colgando.
Durante mucho tiempo se pensó que era un fantasma, una sombra o algo así. Es uno de los focos de luz. Al darse cuenta de que la ronda no es nocturna, se ha identificado a esa niña como una de las mascotas de la compañía, ya que va vestida de los colores (dorado y azul) de ésta. Como si fuera con una camiseta de fútbol, vamos. El pollo, con sus garras, es el símbolo del valor de los arcabuceros. Lo que sí es curioso, es que la niña lleva los rasgos de la esposa de Rembrandt, Saskia, que había muerto ese mismo año.

Otro detalle: el cuadro es mucho más grande. En 1715 se trasladó a otro lugar y se cortó una parte. El capitán del cuadro, Banning Cocq, había encargado una copia para él, y así podemos saber cómo era en realidad (esta copia también está en el Rijksmuseum).

Las banderas no estaban tan cerca del final del lienzo y el cuadro en sí es mucho más espacioso.

Un último detalle: en estos cuadros, cada retratado pagaba una parte proporcional. Pero hay alguien del que sólo aparecen los ojos que no pagó. Mirad entre el hombre del casco y el de la bandera. Unos ojos inquietos se asoman; encima, lo que parece una gorra de pintor. Muchos han apuntado que Rembrandt quiso incluirse en su gran obra. Es un detalle que me parece precioso.

Edito para añadir que los detalles del cuadro son magníficos. Ampliad la imagen completa. La sombra de la mano del capitán es magistral. Y en la manga del teniente, el que va vestido de dorado, esa especie de borlas que lleva son casi tridimensionales.
(Lo único malo del cuadro es que en Holanda y fuera de ella es casi una institución, entonces está lleno de gente, y cuesta concentrarse en los detalles. Aunque hay que reseñar que una de los vigilantes no dejaba hablar más alto de lo debido. Menos mal).
En esta foto (que no es mía), veis el tamaño del cuadro y las multitudes alrededor:

martes, 25 de marzo de 2008

Semana Rembrandt (I): Mujer mayor leyendo

¡Hola a todos! Ya repuesta del frío de las vacaciones (incluso nevó), vuelvo con nuevos ánimos y con la idea de dedicar esta semana enterita a Rembrandt, y así comentar los cuadros que he visto en directo.

A lo básico, vamos: Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669), uno de los mayores y mejores pintores no sólo holandeses, sino mundiales.
El Rijksmuseum de Amsterdam (en eternas obras de restauración) posee una de las mejores colecciones de Rembrandt del mundo. He escogido algunas de las obras que ví, para dar una idea de la evolución del pintor.

La primera etapa en la vida pictórica de Rembrandt ocurre en su ciudad natal, Leiden (1625-1631). Pinta obras esencialmente religiosas y de pequeño formato. Tengo que confiaros que, cuando las ví, me decepcionó un poco. ¿Éste es mi Rembrandt?, pensé. Pero luego comprendí que tenía que ser así, que para ser lo que fue, tuvo que empezar pintando obras normalitas.

De este periodo, tengo que destacar "Mujer mayor leyendo, probablemente la profetisa Hannah", 1631 (Rijksmuseum). Si pincháis, podéis ampliar el cuadro.


Parece ser que en este cuadro, Rembrandt se basó en su madre. La profetisa Hannah es, según la Biblia, la que reconoce a Jesús cuando éste es presentado en el templo. Rembrandt escogió un momento anterior, en el que ella lee continuamente su libro sagrado. El cuadro es maravilloso, especialmente por un detalle: la mano que lee. Al igual que muchas personas no habituadas a leer, Hannah sigue su lectura con su diestra, llena de arrugas, portentosas arrugas que parecen vivas, iluminadas por el único foco de luz que entra en el cuadro. Su cara no importa, está en la oscuridad; es la portentosa mano que ha pintado Rembrandt la que capta toda nuestra atención.

Una nota final: uno de los grandes fetiches de Rembrandt eran los libros. Aparecen por toda su obra, siempre con un tratamiento muy personal. Como en este cuadro.

P.D. Para intentar mejorar este blog y adaptarlo a vuestros gustos, he colgado una pequeña encuesta, arriba a la derecha. Podéis escoger varias posibilidades. Gracias por contribuir.

viernes, 14 de marzo de 2008

Descanso

El blog no se actualizará hasta el lunes 24 de marzo.
Me voy, entre otras cosas, a ver esto en directo:




Prometo comentarios a la vuelta.
Besos a todos/as, que lo paséis muy bien.

jueves, 13 de marzo de 2008

Simonetta y Botticelli

¿Quién era la mujer que aparece en la mayor parte de las pinturas de Botticelli?






























Se llamaba Simonetta Vespucci y se la conocía en Florencia como "la bella Simonetta". Considerada la mujer más bella de su tiempo, fue una de las más cantadas por los poetas y las más pintadas por los músicos. Las malas lenguas decían que era amante Giuliano de Medici, el hermano de Lorenzo el Magnífico. Falleció por una enfermedad pulmonar cuando sólo tenía 22 años, en 1476. Toda la ciudad desfiló el día de su funeral.

Lo más curioso es que ella murió antes de que Botticelli comenzara a pintar sus obras maestras. Por ejemplo, El nacimiento de Venus data de nueve años tras su muerte. Es impresionante comprobar la impresión que dejó en Botticelli esta mujer, a la que prácticamente dedicó casi todos su cuadros. Como Venus (dos veces), Flora, una Gracia o incluso una Virgen, la triste mirada y la larguísima cabellera rubia de Simonetta nos persiguen.

Pero Botticellli también pintó dos retratos de ella como mujer, no como alegoría. El segundo, es póstumo.



Seguramente ella nunca pensó que alcanzaría la inmortalidad así.

miércoles, 12 de marzo de 2008

La primavera


No sólo llega la primavera al Corte Inglés, sino también a nuestras narices (para las alérgicas) y a nuestros sentidos, que se inundan del perfume de las flores. La Primavera también llega este blog.

Botticelli creo que no necesita mucha presentación. Es uno de los pintores italianos del Renacimiento más geniales (1444-1510). Su pincelada es increíble y sus temas muy interesantes. Me encantan sus mujeres, pálidas, rubias, muy intensas.

La Primavera es un cuadro aparentemente sencillo, pero de una gran complejidad. Botticelli lo pintó hacia 1482 para Lorenzo di Pierfrancesco, primo de Lorenzo el Magnífico. El primer Lorenzo estaba muy interesado en el neoplatonismo. Por eso el cuadro tiene varias lecturas; una, mitológica; otra, simbólica.

Venus es la bella mujer del centro, algo apartada del resto de las figuras. La primavera llega por la derecha del cuadro: es Flora. Sobre Venus, Cupido lanza las flechas sobre una trío de Gracias. El jardín de Venus lo guarda Mercurio (a la izquierda) que toca las nubes. Finalmente, al extremo derecho del cuadro, el dios del viento Céfiro persigue a la ninfa Cloris.

Según Marsilio Ficino, tutor de Lorenzo (el dueño del cuadro) y uno de los filósofos humanistas más importantes, Venus representaría la Humanitas, por lo que el cuadro se convertiría en una exhortación al joven para elegir los valores de la cultura y del Humanismo. Se ha incluso sugerido que el joven Mercurio podría ser un retrato de Lorenzo. Otra hipótesis es que presenta el flujo neoplatónico del amor: Cupido dispara a la Gracia llamada "Castidad", que mira a su vez a Mercurio, nexo de unión entre la tierra y el cielo.

Lo más curioso es que Lorenzo tenía 14 años cuando adquirió el cuadro. ¿Os imagináis recibir un regalo así siendo adolescente? ¿Y colgarlo en vuestro cuarto en vez de los pósters de la Superpop? (lo sé, todas hemos caído). Nos podemos consolar visitando este enorme cuadro (203X314) en los Uffizi de Florencia.
Se me olvidaba añadir que nuestro Lorenzo también le encargó a Botticelli otra de sus grandes obras maestras: El nacimiento de Venus.

Que lo disfrutéis.

martes, 11 de marzo de 2008

El ideal

El acto maravilloso de leer tranquilamente en un tren mientras el mundo va caminando poco a poco por tu ventana.

Por Edward Hopper, Compartment C, Car 293

(Hopper se merece una entrada prontito y os contaré cómo un vigilante del Thyssen me echó la bronca por sentarme en el suelo para admirar tranquilamente un Hopper)

lunes, 3 de marzo de 2008

El verde más maravilloso del mundo



















El otro día estuve delante del verde más maravilloso del mundo. Se encontraba pegado a un lienzo desde aproximadamente 1590 y fue creado por Domeniko Theotokópoulos, más conocido como el Greco (1541-1614). Y ese magnífico verde no se limitaba a un solo cuadro, sino que se repetía en diversos lugares en su serie de los Apóstoles con Jesús.

Aquí lo vemos en los cuadros de Juan (magnífico, con ese precioso dragón, sólo esbozado, que sale del caliz), Santiago y Andrés. Os aseguro que las fotos de internet no hacen justicia al original; el color es mucho más vibrante, tiene vida, en el cuadro de Santiago parecía que se iba a salir del cuadro. No sólo me quedé pegada al verde, sino también a las manos esbozadas, a los detalles sin terminar, a las dos pinceladas que conformaban un pliegue o un dedo. Impresionante.

El museo del Greco en Toledo ha cerrado por obras y esta pequeña colección que, incluye todos los apóstoles, está de gira por los museos españoles. Estad atentas/os a vuestra programación cultural y, si tenéis la suerte de coincidir con ella, no os perdáis el verde más bonito del mundo (creo que seguirá por Valencia y la Exposición Universal de Zaragoza)

Y me he obsesionado con el verde, ¿pero qué decir del maravilloso azul de los retratos siguientes? Ningún óleo Titán de nuestros días puede competir con estos colores conseguidos a mano.



















Fuente: Ministerio de Cultura

miércoles, 27 de febrero de 2008

Goya por sí mismo


No conocía este cuadro, juro que nunca antes lo había visto, pero me entran escalofríos cada vez que lo miro. Se trata de "Goya atendido por el doctor Arrieta" y que, por sí solo, merecería la visita a la ciudad de Minneapolis, ya que es allí donde se encuentra.
Es escalofriante. Pintado en 1820 tras una dura enfermedad, Goya se retrata a sí mismo pálido, alelado, enfermísimo. Su mirada está totalmente perdida. Detrás suyo, el doctor Arrieta, que le curó.
El cuadro reinventa el estilo de los exvotos, ya que, en la parte de abajo, la inscripción revela claramente por qué lo pinto:
"Goya agradecido, á su amigo Arrieta: por el acierto y esmero con qe le salvo la vida en su aguda y / peligrosa enfermedad, padecida á fines del año 1819, a los setenta y tres años de su edad. Lo pinto en 1820".
Sin embargo, hay que fijarse en algo más. En las mujeres que se vislumbran al fondo, que pueden ser las Parcas. Y que el cuadro podría ser también una reinterpretación del clásico tema de la Piedad (la Virgen con Cristo muerto): una Piedad laica.
(Aquí la Piedad del Vaticano, de Miguel Ángel)


Sea lo que sea, es maravilloso.

martes, 19 de febrero de 2008

Monet: les Nymphéas





(Hoy no hay nada que leer. Sólo relajarse y disfrutar de estas maravillas. Y que nadie se las pierda en toda su belleza en l'Orangerie si pasa por París).

Para el que no pueda, le dejo la posibilidad de la visita virtual, cortesía del Musée de l'Orangerie.

martes, 12 de febrero de 2008

Goya: pintando a los Reyes


La reina María Luisa llamaba a este cuadro "ése en el que estamos todos juntos". Pero ni a ella ni a Carlos IV, su marido les gustó nunca. Se trata seguramente del último gran cuadro real de la pintura española y uno de los más importantes.

(Se recomienda pinchar en el cuadro para poder observar los detalles y seguir los comentarios).

Goya decidió inspirarse en Velázquez, hasta tal punto que se retrató él mismo, discreto, en una esquina izquierda, tras el lienzo (algo extraño, ya que entonces Goya estaría pintando sus espaldas).

Lo más importante de este cuadro no es la espléndida composición (tres grupos de cuatro personas, siempre compuestos por dos hombres y dos mujeres), ni que no se hubiera decidido quién sería la futura esposa de Fernando VII y por ello aparezca con la cabeza girada, ni los magníficos detalles de las telas.

No, lo más impresionante es el realismo con el que Goya pinta a la familia real, que ya no lo parecen. Se diría que son una familia burguesa cualquiera. Esa desmitificación es lo que me parece crucial en el cuadro, y lo que le proporciona aún más valor e interés.


P.S. Espero que a la gentuza que ha robado cuatro cuadros impresionistas de Zürich, ocultándolos así a la vista de todo el mundo, se les atraganten. Sólo pensar que no vamos a poder verlos en un futuro (a no ser de que los capturen), me enerva. Os dejo aquí las imágenes de los cuadros robados. Son los siguientes: El chico del chaleco rojo (1888-1890), de Paul Cézanne; Ramas de castaño en flor (1890), de Vincent van Gogh; Campo de amapolas cerca de Vétheuil (1879), de Claude Monet, y El conde Lepic y sus hijas (1871), de Edgar Degas. El Monet es precioso.

domingo, 3 de febrero de 2008

Georgia O'Keeffe o las flores como nunca las has visto


En mi opinión, una de las pintoras más maravillosas del siglo XX. Georgia O'Keeffe nació en Wisconsin en 1887 y falleció en Santa Fe en 1986. Su estilo artístico floreció (nunca mejor dicho) hacia los años 20, cuando comenzó a pintar vistas aumentadas de flores, calaveras, rocas, montañas, conchas. O'Keeffe modulaba el color con delicadeza y, en ocasiones, la sensualidad de las formas traspasa el lienzo.

Nunca una flor pareció tan increíblemente hermosa como en sus cuadros. Nunca ningún pintor plasmó una flor tan típicamente española como el clavel (en el cuadro que aquí aparece) de esta forma. Al observarla, dudamos entre ver la flor o unas formas abstractas que lo cubren todo. Una pintura maravillosa para comenzar la semana.

Por cierto, éste es el próximo cuadro que quiero pintar. No será tan grande como el original (ca. 90x60), el mío tendrá 60x50. Intentaré conseguir esos maravillosos colores.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Rembrandt y Hendrickje


Ella era una de sus criadas; él, uno de los mejores pintores de Amsterdam, ya viudo. Fueron pareja (ya que no se casaron) hasta la muerte de ella por enfermedad.

Rembrandt pintó a Hendrickje muchas veces. En su libro sobre el pintor ("Los ojos de Rembrandt"), Simon Schama afirma que muchos de esos retratos son atípicos. Se trata de desnudos o semi-desnudos, en una sociedad donde la carne de la mujer sólo se aceptaba si tenía algo que ver con la Biblia (Dalila, María Magdalena) o con la historia. En los cuadros de Hendrickje, no hay excusa bíblica; es ella misma.
Mujer bañándose (1654) es eso; un desnudo (o semi desnudo) pero algo más. Algunos autores dicen que Hendrickje está apoyando los pies tentativamente en el río, tal vez de lecho inestable. Simon Schama afirma, y es la interpretación que más me gusta, que en realidad ella está mirando su propio reflejo y sonriendo. Afirmándose como persona.
Técnicamente, el cuadro es perfecto. Las pinceladas en la zona donde las piernas tocan el río son sueltas y en algunas zonas, tan sueltas que parecen casi sin terminar. No es de extrañar que los impresionistas tomaran a Rembrandt como modelo. Este cuadro es hermoso y, al mismo tiempo, inexplicablemente moderno.
Para todos los que vayáis a Londres: parad en la National Gallery, entrad (la entrada es gratis) y buscad la sala. Allí, al lado de un conmovedor autorretrato de Rembrandt un año antes de morir, está Hendrickje con su blanca combinación. Los colores son tan vivos, tan diferentes a todas las fotos. Hendrickje se mira mientras nosotros la miramos. La admiramos. Le admiramos.