
Y hoy quería presentaros uno de mis minicuentos. Espero que os guste. Por supuesto, se admite todo tipo de críticas.
La hora de despertarnos juntos
El príncipe miró hondo a los ojos de la princesa mientras le decía esas palabras. Ella asintió, valerosa. Todas las noches se acostaban juntos y, mientras dormían, forzudos eunucos les trasladaban a habitaciones diferentes. Esa era la ley inamovible para los herederos de la casa real persa, establecida desde antes del profeta Mahoma.
Esa misma noche se acostaron como de costumbre, agarrándose la mano antes de quedar dormidos. Los eunucos entraron sigilosamente pero no encontraron a nadie. Los príncipes habían conseguido despertarse y habían huido. Corrieron por los jardines, riendo y disfrutando la noche juntos. Aspiraron el perfume de las rosas nocturnas y se perdieron en los vastos dominios del rey.
Los pájaros de la mañana comenzaron a cantar y miraron a los dos príncipes, que se habían adormecido en un banco. La princesa se despertó con los primeros rayos de sol y, agradeciendo a Alá ese momento, besó los labios de su marido, que abrió los ojos. La sonrisa se heló en sus labios: ahora sabía por qué la ley prohibía al heredero despertarse con una persona al lado. No acertó a decir una sola palabra antes de que el príncipe, transformado en un oso terrible, le abriera la garganta de un zarpazo.
